viernes, 25 de mayo de 2012

Carta a Rocamadour

Fijaste los pies torpes en mi arena, tomé de tu mano pequeña pero no quisiste dejar la marea. Canturrié de lo seco de la sal, pero tú sólo balbuceabas que era el viento lo que nos tocaba, cuando realmente nos llevaba.
¿Aún recuerdas el canto en la espiral? Reías del escondite cómplice que nos unía la sangre que no corría, yo te prometía que la vida nos llevaría. Nos llevaría, Rocamadour.
Me preguntabas sin cordura si nuestro plato vacío sería el abastecedor de lo ocurrido. Y yo no te puedo conceder un día más sin que mueras otro, seré justa contigo solcito.
Cantabas las palabras antes de aprender a hablarlas, porque así fue como tomaste el respiro que aún no te daba.
Perdóname la falta, perdóname la abrumadora falla. Porque el criador de cuervos quedó ciego y yo te doy mis ojos para que te quedes con ellos.
Guárdalos junto a tus pies, fríos humedales del caudal quebrado por tu inhumana presencia. Los arropo por última vez o por primera, que una carta tiene como destinatario el que te llevó al silencio amasio.
Nunca te gustó que callara, y vigilabas mi danza para que bajara la guardia, lo sé pero te hablé de cómo seca la sal en abundancia, sobretodo en mi garganta. Te mecía mi canto y ya no dormías con llantos.
Pero dime ¿qué rima con vida, y qué ritma con huida? Cobardía dices y te equivocas, yo creo que es salida. Una que me alejará del trópico de cáncer, sobretodo cuando tu sombra deje la simetría y se una a los lentes del ciego. Ocultos de obvio, fingidores de ojos.
Te liberaré de la mente que no alcanzas, porque algo de mi hay en tus palabras. Quizás es el mismo espejo del que habla.

Ahora que duermes te diré sin que oigas que nunca fuiste mío, sin embargo eres aquella representación in vitro al sentirme así. Te convertí en palabras porque un momento similar quema mis zapatos.

Te pesan las ventanas, llegó la hora de callar la mañana. Duerme, mi pedacito de sol.
Duerme por siempre.

Tan de mi sangre, tan falso, tan vivo, tan usado. Tan no mío.

Mi pedazo de ofuscación expresoria.

6 comentarios:

  1. me gustó. es el texto que más me gusta de los que has puesto. no diré por qué, porque tampoco lo sé.

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  2. Ya ni sé qué es justo. Soy inconsecuente. Pobre Rocamadour.

    Gracias y qué mal.

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  3. Primero está mal puesta la tilde.

    Y segundo, recuerda que nuestras manchas son nuestro más preciado tesoro. Esto parece un pedacito de mancha. Por eso me gustó.

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  4. La tilde de "qué mal".
    A menos que te preguntes a qué mal te refieres, o me refiero, tampoco quedaría claro.

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  5. ¿Qué es una mancha?

    p.d: Fue una pregunta pasiva muy mal puesta, he ahí la corrección.

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