Un disléxico puede confundir casualidad con causalidad. Usted, trate de no hacerlo.
domingo, 29 de julio de 2012
viernes, 27 de julio de 2012
Nebulosa.
Se me destiñe un pedazo de alma en cada duda
Provoca una voluntad nebulosa.
Amarga parca de la avidez sobre un pilar cuadrante.
Convoca al ciclo, consume la atención sobre lo que no tiene inicio.
Es una espiral sobre dos razones, una encrucijada atrapante.
Condenadas a ser huellas sobre arena.
Fosforescencia.
Provoca una voluntad nebulosa.
Amarga parca de la avidez sobre un pilar cuadrante.
Convoca al ciclo, consume la atención sobre lo que no tiene inicio.
Es una espiral sobre dos razones, una encrucijada atrapante.
Condenadas a ser huellas sobre arena.
Fosforescencia.
domingo, 22 de julio de 2012
Marioneta del lápiz.
El lápiz ha trasformado en marioneta mi mano, de los segundos que escojo no trajo ni un trazo.
Descanso mientras baila, apuñala cada hazaña.
Pausa. Recuerdo.
En aquella penitencia, en auxilio mi pasado reclamó ausencia y el lápiz danzó a mera conciencia.
Me trajo la llamada del hombre con acento de zeta, advirtiendo de su huida a su país y a su descendencia. Me pregunté qué no le quedó claro del punto cuando huí de su madriguera postrera.
De mi boca echa navaja, le mostré las persianas cerradas del alma y le di la nada que le dejaba. De él sólo recuerdo la droga que enmudeció mi conciencia y de la que fui inconsciente de beberla.
Y de todo lo que detesto que muere junto a ese z-openco.
Dormí un poco, escribí un poco. Pausa.
En el desorden y los papeles ante la penitencia, el hospedaje se transformó en el piso 13 de otro personaje. Hablamos, reímos un rato, de las vísceras de las aves llegamos a los dolores de la marioneta, cómo la arena quema la decisión que no tomamos y que nunca abandonamos.
Lloramos, descansamos, paseamos un perro a las tres de la madrugada.
Improvisé una cama, vi la constelación cívica, me dolía otro rato, pero estaba lejos. Dormí otro rato. Pausa.
Dijeron que mi cara parecía la de un maniquí agraciado, con dos bolsas de tiempo, moradas y desaliñadas.
Llegó el estudio en grupo, desafiamos los papeles. Notamos de lo que se ignora, fantasía trae.
Nadie habló. Pausa.
Terminó, alguien nos dijo que fue a primera vez que nos veía tan alegres, reímos en respuesta.
Escapamos, nos escondimos, nos durmió un apetito, nos aventuramos un poco, descansamos en las cosquillas del alcohol. Y trazamos un asterisco en la ciudad tras el regreso individual.
Me quedé en el centro, esperé a alguien. Pausa. No reconocí su cara.
Llegamos al lugar que todos critican porque todos se devoraban y nadie lo recordaba. Diré que eso es la mitad de cierto. Decían que todos te acosaban, diré que esa es la otra mitad de lo cierto.
No me importó, reía del "no" y de mis nombres falsos. Del cementerio de luces bailé el dupstep.
Me latían las manos, nos fuimos y otro hospedaje arrojó mi sueño.
Dolió otro rato pero estaba tan cansada que no pensé mucho rato. Pausa.
Desperté y los desperté a todos, reí para mis adentros, me fui. Pausa.
Dormí. Pausa.
Las circunstancias fueron el manubrio del relato de mis días, el reflejo de la figura.
Es el viento que mece aquello que carece de vida.
Porque de lo que creo parece una casualidad egoísta, un disfraz de tierra.
Un escondite siniestro, un hogar echo de paja.
No quiero creer, pero puedo ver.
[Aunque muchas veces me pregunto si realmente veré]
Ahora quiero aferrarme a otra pausa, un poco parecida a la H.
Quizás así me arrepienta, [un gusano en mi cabeza siempre me lo recuerda] y me deje de sentir víctima de las circunstancias.
Mi redención.
domingo, 15 de julio de 2012
Los malditos.
Creo en el evolucionado que admite su instinto.
En el proxeneta de palabras, que haya la inmortalidad sobre la cotidianidad.
El que ha raíz de la contrariedad se favorece de verdad.
Creo en su luz irónica, su locura oscura.
Que hacen de la vida una sofística exquisita.
Creo en sus silencios como reflexión de su complemento.
En su pasado embustero, condenado por absuelto.
Creo en su elixir maldito, que sacude mis entrañas cada vez que pienso en ellos.
En el proxeneta de palabras, que haya la inmortalidad sobre la cotidianidad.
El que ha raíz de la contrariedad se favorece de verdad.
Creo en su luz irónica, su locura oscura.
Que hacen de la vida una sofística exquisita.
Creo en sus silencios como reflexión de su complemento.
En su pasado embustero, condenado por absuelto.
Creo en su elixir maldito, que sacude mis entrañas cada vez que pienso en ellos.
miércoles, 11 de julio de 2012
De un hilo.
A veces añoro la mudez táctil y las palabras atadas. La prisión de la respiración.
Porque se desviste en la batalla de sentir ante razón, boca cerrada de muchas palabras.
Estupidez de doble patada.
Si de gnosis distrayera toda visión, hubiera cortado el único hilo del cual pende mi confianza. La que fue rota de vientos y desgastada de tiempo.
Tomaría sus restos y los transformaría en nudo de garganta, secaría cada palabra falsamente justificada al desconocerme como testigo de cómo se enredaba en otra garganta o cómo traía doble esencia de mosca cortejada.
Borraría la linea.
Pero [Aquella palabra que no evidencia cenizas y es vestigio de vida] necesité que mi aliento alcanzara a rozar esos ojos ciegos.
El que me alejó de mi propio desmembramiento, porque prometo a pulso que hay una razón que desconozco, quizás un color que no reconozco, que hace de mi fe ciega un poco de tierra.
Porque se desviste en la batalla de sentir ante razón, boca cerrada de muchas palabras.
Estupidez de doble patada.
Si de gnosis distrayera toda visión, hubiera cortado el único hilo del cual pende mi confianza. La que fue rota de vientos y desgastada de tiempo.
Tomaría sus restos y los transformaría en nudo de garganta, secaría cada palabra falsamente justificada al desconocerme como testigo de cómo se enredaba en otra garganta o cómo traía doble esencia de mosca cortejada.
Borraría la linea.
Pero [Aquella palabra que no evidencia cenizas y es vestigio de vida] necesité que mi aliento alcanzara a rozar esos ojos ciegos.
El que me alejó de mi propio desmembramiento, porque prometo a pulso que hay una razón que desconozco, quizás un color que no reconozco, que hace de mi fe ciega un poco de tierra.
lunes, 9 de julio de 2012
Piedra.
A veces creo en las piedras como el reflejo de la rueca.
Capaz de construir una casa, de tejer nuestras murallas.
De vez en cuando, nos volvemos el espejo de alguna.
De una.
Capaz de construir una casa, de tejer nuestras murallas.
De vez en cuando, nos volvemos el espejo de alguna.
De una.
No por el frío insensible, no por la estática amodorrada
Es por la ausencia de voz aplacada.
Pero vive en el grito de la colisión.
Se testigo de su voz.
Es por la ausencia de voz aplacada.
Pero vive en el grito de la colisión.
Se testigo de su voz.
Choca.
lunes, 2 de julio de 2012
No me lea.
Proyectan en mi su arte de partera barata, pero no asimilan el veneno en mi cabeza.
No los veo y de vez en cuando callan, ensucian y opacan.
Diseccionan una uña pero yo traigo la mano.
Si creen que los hipnotiza una estocada, no dejen que sople mi garganta.
Me desconozco, es un monstruo.
Y lo detesto en demasía, porque no he callado todo lo que se refiere a esta extraña en vigilia.
Perdí el ritmo de la palabra, porque escondí ese dulce tabaco de la extraña.
O lo perdí de cansancio o de tiempo.
O de tonta, quizás.
No los veo y de vez en cuando callan, ensucian y opacan.
Diseccionan una uña pero yo traigo la mano.
Si creen que los hipnotiza una estocada, no dejen que sople mi garganta.
Me desconozco, es un monstruo.
Y lo detesto en demasía, porque no he callado todo lo que se refiere a esta extraña en vigilia.
Perdí el ritmo de la palabra, porque escondí ese dulce tabaco de la extraña.
O lo perdí de cansancio o de tiempo.
O de tonta, quizás.
domingo, 1 de julio de 2012
Astilla.
Una aguja se astilla sobre mi cabeza, florece marcando cientos de horas.
Se corroe sobre mi sangre y mi piel se empolvece de desuso.
Extraño los fractales de colores, que se repetían pero que sorprendían.
No esta rutina, tan monocromática como las pastillas que adormecían.
A veces un débil eco en mi mente niega lo que escribo, testigo del sonido de mis días. Porque mis sentimientos difieren de mis momentos.
Culpa a la astilla, esa fastidiosa que duele más que un corte, tensa mis músculos del cuello y de estática no giro ni veo.
Culpa a la astilla por dormir mis días.
A veces un débil eco en mi mente niega lo que escribo, testigo del sonido de mis días. Porque mis sentimientos difieren de mis momentos.
Culpa a la astilla, esa fastidiosa que duele más que un corte, tensa mis músculos del cuello y de estática no giro ni veo.
Culpa a la astilla por dormir mis días.
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