Duerme frío zorzal, quiebra la respiración y apacigua tu voz.
Llévate contigo el viento que trajo la cavilación de tu pluma sobre el candor.
Paralizaron tu canto de llamas cegadas.
Recortaste alfileres, bebiste del hielo.
Te embriagaste de sufijos al renunciar a la palabra.
Y cruzaste las olas pero el vasto mar no llegaba.
Libera la soga, deja que reposen las marcas.
Gira el puñal abandonado de huellas
e impulsa los párpados sobre la verdad absoluta en quiebra.
¿Recordarás tus patas quebradas sobre la rama?
Esa tambaleante, de dirección incierta.
Seca, de espinas superfluas.
Bello, vivo.
Renuncia, apaga.
Se quiebra.
Cae.
Roe un lago, finge la sangre.
Da la vuelta.
Hoy los pies pertenecen a la tierra.
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