Somos el tránsito, el flujo inhóspito sobre permanencia exenta.
Somos nada para lo que queda, somos mucho para lo que acabamos.
"Somos", siempre hablamos de nosotros.
Nos llamamos punto y coma, un torrencial de cambios continuos cuando notamos que todo lo acabamos. Y aplaudimos cuando confundimos descubrimiento con apropiación, golpeamos con alegría nuestras cabezas.
Nos atolondramos porque entendemos. Entendemos que la demacración en las uñas implica un gasto de energía, energía que transferimos al desconocido sistema. Inevitablemente creemos aplacar a la red al recordar el trueque del esfuerzo por valor, pero somos nosotros los que nos vemos aplacados a la red.
¿Sólo?
Le damos calor al hogar, el hogar nos da calor.
Quiero hablar de interaccionalidad, ya que somos parte de un organismo del cual sentimos y estamos llenos de interacciones en todos los sentidos. Somos ellos, somos nosotros.
Somos capaces de estar en sintonía, no sólo con la cáscara sino que con todo el contenido.
Basta con mirar, acercarnos y movernos. Sentir que comprendemos al descubrir cual es el movimiento.
Somos de la tierra, asentamos nuestras raíces y al mismo tiempo somos seres limítrofes que transgreden sus límites.
Dejemos de comer, dejen que coman de nosotros.
Aprendamos a comer, incluso de nosotros mismos o yo de usted.